El contenido de este relato seria mera fantasia del autor y cualquier parecido con la realidad no tendría sentido alguno, puesto que podria ser un espegismo de tantos casos que suceden y seguiran sucediendo en el día a dia por el confin de los tiempos,mientras no hya medios para poder frenar esta orrenda catastrofe de lamentables perdidas humanas.
Con los albores de un nuevo día, y junto con otro colega suyo, se fueron eufóricos a probar aquel flamante buga con más allá de un ciento de caballos largos y sobrados de potencia. La noche había sido extensa en sensaciones, pero muy corta a la vez, pues echaban mano del día para prolongar la noche si cabía. El consumo en materia de bebidas alcohólicas y otros mejunges, había sido variado, que ambos aun retenían sus reflujos, pero al menos para burlar los posibles controles, marchaban por una de aquellas pistas de tercer orden sin tener miedo a la velocidad. Pero si algo le fastidiaba al piloto cuando se metía en su cuatro ruedas, era que casi siempre se colaba antes que el, una de esas moscas cojoneras, de las como de costumbreque dan la brasa lo suyo para no variar, y para salir a cuento, le dice a su acompañante.
_Mientras no se meta conmigo esa intrusa y me deje conservar mi espacio, yo no le molestare, pero hay de ella como no lo respete, le perseguiré a muerte hasta el último rincón de este habitáculo.
_Es que las moscas son la leche de pesadas- expone su compañero- de ahí que para ellas, yo me e atrevido a formarles esta poesía.
_Como siempre, tu eres la hostia- añade el piloto.
Que ágil, que rapidez
es tanto su poderío que,
le convierte en pesadez.
Es tan sutil cuando quiere,
que aun de tomarla a coña,
se aprovecha de una moña,
a riesgo de no ser bicho.
Infiltrada en cualquier parte,
para volar tiene arte,
así es pelma y molestosa,
es en fin, tan asquerosa,
que chupa de cualquier parte.
Y siempre a dar la lata,
es tan pesada y silvestre,
es en fin, como la peste,
que no descansa ni afloja,
asta llegar a ser tosca,
siendo una sencilla mosca.
_Pues vaya rollo que te has montado para ese ser tan pequeño, que yo simplemente veo un ser para aplastar y nada más.
Y mientras aquellos dos jóvenes de unas veinte y pocas primaveras siguen a toda velocidad aumentando paulatinamente a medida que se desplazan por el sinuoso alkitranado, a modo de Fitipaldi. Algo se espesa en el ambiente como la pesadez de un día más de marcha. Era muy comun en el, lo de tomarse las cosas a la torera, pues a pesar de haber salido ileso ya de tres siniestros sin darle importancia alguna, y lo de librar por los pelos, presumía de ello como si tal cosa. Aun que muy lejos de aprender de los errores cometidos para tenerle un cierto respeto a la carretera, todo lo contrario, le hacía envalentonarse como creyéndose un inmunizado a la posibilidad de de tener que irse al más allá por imprudente. De hecho tenia dicho en alguna ocasión, que para el los coches y la velocidad, eran su pasión y debilidad, ya que después de todo, lo máximo que le podía pasar algún día era quedarse en la carretera. Así que lo que menos le importaba en aquellos momentos, era lo de emprenderla a manotazos con la dichosa mosca que acababa de irrumpir en su espacio sin tener en cuenta la velocidad ni su compañero, a lo que este le advierte.
_Deja la mosca leche, que nos la vamos a pegar, no le hagas caso, que yo la pillare.
_ ¡Y una mierda! tengo que darme el gusto de aplastarla yo mismo- replica indignado el conductor.
_Deberías ponerte el cinturón, que para algo los ponen- le aconseja el copiloto.
_ ¡Eso son tonterías! si prende lumbre el coche y ahí te quedas asado- añade este sin darle valor alguno a tal consejo- siguiendo en su rodadura precipitada, desafiante a todo.
Pero en el preciso momento, cuando la aguja rebasa los cinto ochenta por aquella escueta recta, e ignorante de la velocidad a la que se desplaza, pierde el control total del vehículo zarandeándose descontroladamente. Aquel talud izquierdo le hace de barrera para qué deje parte de motor en la primera tajea con la que se topa. El golpe brusco en los bajos, le hace saltar por los aires para dar acto seguido de morro, empezando a dar bandazos de izquierda a derecha. Enseguida se da cuenta de que aquello se le está yendo de las manos y nada obedece a su dominio. El grabe peligro es eminente, en ese instante por su mente empieza a proyectarse una especie de película de su vida pasada de donde surgen todos aquellos consejos desechados, algo estaba pasando en el presente que no puede sostenerle por más tiempo. Es cuando siente que la carrocería del coche le aprisiona dejándolo inmovilizado, siendo proyectado su cuerpo contra el salpicadero por no llevar cinturón de seguridad. Siempre lo había criticado, a pesar de que el copiloto si lo llevaba y se lo había advertido, las demás veces no lo había necesitado, pero en esta le hubiera salvaguardado. Es en esos momentos cuando empieza a comprender que las cosas cambian, y que nada es ya igual, sino todo lo contrario, que la velocidad le ha traicionado siendo una mala aliada. Nadie en aquellos momentos le iba a sacar de aquel marrón en el que se había metido, era evidente que la vida empezaba a truncársele, sin poder hacer nada para remediarlo.
Despuntaba la mañana de aquel fatídico día que anunciaba tormenta, alguien se le acerca que parece ser conocido al cual pide auxilió, que les saquen lo antes posible de entre los hierros, su compañero parece estar también atrapado. Ese alguien se marcha en busca de una supuesta ayuda, y mientras, la constancia de la mosca, aparece literalmente delante de sus narices volviendo a la carga como tratando de mofarse de el, pero aquella criatura halada, dentro de sus pequeñez, comienza a coger forma humana, al tiempo que crece en tamaño para ser reconocida. Era una joven de apenas unas veinte primaveras, la cual le replica.
_Por fin llegas a mi tiempo, hace ya que te espero, tu fuiste quien me arrancaste de la vida cuando tenia mi carrera terminada ¿Qué derecho tenias para hacerlo?
Él, atónito ante tal presencia y con la cara ensangrentada añade.
_Fué un accidente, no era mi intención que pasara.
_¡Mentira cochina! tu ibas compitiendo, yo paseaba tranquilamente por la acera.
En ese momento, pierde el conocimiento para pasar aun estado de letargo donde sigue recibiendo el mensaje de la chica.
_Por fin has dejado de ser esa fiera del asfalto, y ya no serás jamás un peligro para otros.
Ella se fue sin más, mientras el poco hilo de vida que le quedaba a aquel insensato, se le iba esfumando al tiempo que se sentía arrancado del presente. Ya nada se podía hacer para seguir entre los suyos, aquellos que tanto le habían advertido del peligro que corría se seguía comportándose de tal manera.
En aquel presente, ya todo era diferente, allí ya no cabían las prisas a las que el estaba acostumbrado, este era ya un tiempo sin relojes donde todo lo envolvía una tensa calma como si tal estado de sordera colectiva. Desde este tiempo donde se podía divisar aquel pasado, y su cúmulo de relaciones para desencadenar tanta tristeza entre los suyos, a los que dejara sin previo aviso-
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