domingo, 27 de abril de 2008

Terreno Prohivido

                                                        

_ ¡Papá! ¿Cuándo vas a subirme de nuevo a tu locomotora?

_ ¡Mí locomotora! ¿Cuando vas a enterarte de que ya no es mi locomotora? que no es mía, sabes que hace tiempo que no trabajo en la mina, ¿es que no te das cuenta?

­_Ya lo se papa, pero  a mi me hacía tanta ilusión viajar en ella, aquel trasto era maravilloso. Cuando sea mayor quiero ser ferroviario

_Me parece muy bien, pero por lo de pronto, te tendrás que conformar con verla cuando pasas para el colegio, piensa que esa historia ya pertenece al pasado, y no va a ser fácil volver  a el

_ ¿Pero, no podremos cogerla un día tan siquiera para darnos una vuelta?  

_Tu estas paya ¿Que quieres que me caiga un paquete? Ya no puedo andar con ella, ¿No lo entiendes? ese trasto pertenece a la empresa.

_Pero si  la empresa ya no existe- insiste el chico.

_Pero los antiguos, jefes siguen siendo aún sus propiedades- responde su padre-

_ ¿Y ya no podemos volver a subimos en ella? es que A mi me gustaba más el trabajo que tenías antes, esto de trabajar la tierra es un rollo, a mí lo que me molaría más es el ser maquinista, tiene que ser una pasada.

_No te preocupes que si sigues estudiando, cuando seas mayor podrás aprender a conducir esos trastos.

 

Fabián bajaba la cabeza, en son de convencimiento, pero eso de tener que ser mayor para poder conseguir su propósito, le resultaba todavía demasiado lejano, así que tenía que hacer algo sin tener que esperar tanto tiempo. Desde luego eso de ser pequeño era todo un engorro. El no tener cierta edad te priva de muchas cosas, las personas desde que pasan un cierto límite de edad, evidentemente, le da al personaje ciertas ventajas que no tenía un adolescente, ya que a partir de una cierta edad parecía estar autorizado para hacer casi de todo,  a los niños en cambio siempre les estaba vedado un montón de cosas.

 

Había pasado ya un tiempo considerable desde que había tenido aquella conversación con su padre, así que visto que ya era como más responsable de sus actos, se propuso a sí mismo que lo intentaría, aquello era superior a sus fuerzas, el poder cumplir aquel sueño que tantos recuerdos le traía de su niñez.

De tal manera, que cierto día comienza a trabajarse la posibilidad de llevar a la práctica aquella anhelada hazaña.

 

El hijo de Juan, desatendiendo un poco los consejos de su padre, decide actuar por  su cuenta y arriesgarse. Si en la vida todo es un riesgo, y no por ello dejaba de saber que aquello encerraba lo suyo, pero tenia que empezar por proponérselo, si quería hacer cabalgar de nuevo aquel caballo de hierro abandonado allí como un viejo leproso en la destartalada estación minera. 

 

Había estado tantas veces  viajando en la vieja  cazuela, como decía su padre,  que se había familiarizado mucho con ella, asta el punto de saber como se utilizaban todos aquellos artilugios, incluso sabia como hacer  algunas reparaciones.

Al hijo del hortelano le tiraba mucho aquello de la mecánica, así pues, el mismo llega a la conclusión de que sabe más que suficiente para poder ponerla en marcha, la tarea sería laboriosa pero valdría la pena.

Tubo que  soldar alguna pieza, lo que para ello recurre al señor Benito, el cerrajero del pueblo, diciéndole que es material de desecho perteneciente a la granja en donde colabora esporádicamente, y que en su día había venido a parar a casa cuando su padre trabajaba en el ramo, así no le daría importancia al asunto, y no repreguntaría.

 

Él hombre queda totalmente convencido, por no ser la primera vez que esto ocurría, Fabián sabía muy bien que el granjero no le iba a preguntar nada, a su padre, puesto que tras mantener una discusión en su día, desde entonces apenas se hablaban, a no ser el saludo.

Los trabajos de reparación, siguen su curso con total normalidad  lejos de toda sospecha, Fabián tenía bastantes amigos, pero no  confiaba lo suficiente en ellos como para depositar aquella confidencia de tal envergadura. Uno de los inconvenientes con los que se encuentra, es conseguir aceite de engrase, pues  los niveles habían bajado lo suyo desde que no se movía. Después de tantos años parada era lógico que ocurriese, lo malo era tener que echar mano de sus ahorrillos y propinas  reunidas con tanto esfuerzo a lo largo de tanto tiempo. Pero ¡que narices! también tal evento merecía la pena, sería una gran satisfacción montar de nuevo la vieja máquina.

 

Cuando llega a la gasolinera le pide con toda seriedad al empleado.

_ ¡Señor Eusebio! Quiero cinco litros de valvulita, es para el motocultor de mi padre.

_ ¿No tendrá suficiente con dos litros?- Pregunta el gasolinas

Es que mí padre dice que las cosas al por mayor, siempre salen más baratas-explica el muchacho para salir del paso.

_Razón que tiene, ahora con esta cantidad puede tener para bastante tiempo.

_ ¡Ho claro!

Las operaciones de restauración siguen a buen ritmo  sin más inconvenientes  a destacar para Fabián al cual todo aquello le resultaba muy excitante, era como si estuviese rescatando un precioso juguete. En el fondo, se sentía orgulloso de estar haciendo aquella labor, puesto que ningún muchacho de su edad iba a disponer de nada similar, al menos en proporción. Si lo viese su madre, seguro que no aprobaría lo que estaba haciendo, pues en el fondo sentía como estuviese haciendo algo prohibido. Cuanto se acordaba de ella. Los mayores decían que el tiempo corría mucho, pero a él se le hacía interminable. De todos modos habían pasado ya siete años desde que se había marchado, y hoy, otros tantos después la seguía echando mucho de menos, sobre todo por las noches al acostarse. Pero antes de dormirse, siempre le rezaba sus oraciones, y le hacía a Sumo Hacedor, la misma pregunta. Si yo la necesitaba más que tu señor, ¿Cómo es que te la has llevado?. A los catorce recién cumplidos, todavía  seguía haciéndose la misma pregunta, pues este no comprendía a otros niños que le decían que los padres eran un coñazo, que no sabían más que prohibirles cosas. Era evidente que había que carecer de ello para poder apreciar lo que no se tiene. 

En aquellas noches tan largas de invierno de la comarca minera, el joven aspirante a ferroviario, no obstante, sentía como si la presencia de alguien  velaba sus sueños, no era corpórea ni se apreciaba a la vista, pero algo que  le decía, que el no estaba solo. Soñaba mucho con ella, de hecho, casi había veces que le adelantaba acontecimientos que después sucedían, pero él las atribuía a la mera casualidad. Aun que según los mayores, era sabido que esos seres no se comunicaban con nadie

 

 

Eusebio coincide con Juan aquella noche en la taberna tomándose su chato de vino, a quién trata de sonsacar para enterarse del destino del aceite comprado por el chico.

_¡hola Juan!, ¿Que tal tu chico?

_Por ahí andará, con sus cosillas.

_Es un buen chico-afirma el empleado del surtidor.

_No tengo queja de él, para haberse criado sin su madre, me ha salido buen muchacho, nunca ha sido muy revoltoso.

_Si, eso pienso yo, tienes un chaval muy majo, y se le nota muy trabajador.

_Si que lo es- responde el padre de Fabián, a tiempo que se apura su vaso de vino.

_ ¿Va bien el aceite del motocultor?- le pregunta su vecino

_ ¿Qué aceite?, No se que me hablas- responde el antiguo maquinista

_Si hombre el que se ha llevado el otro día- especula el fumador empedernido, mientras da una  fuerte calada a su especie de estaca tabaquera confeccionada por si mismo, mientras le rodea una densa humareda.

_Te habrás equivocado, creo que has entendido mal, ese aceite es posible que sea para la granja, hace unos trabajillos allí para ganarse unos cuartos a tiempo libre en los fines de semana-explica Juan.

_ ¡Oye! A todo esto, Cuando vas a dejar el tabaco, yo e cumplido mi promesa, pero tu no, a este paso perderás la apuesta.

_Eusebio deja su vino sobre el mostrador y trata de  cambiar de conversación, y sigue en su encuesta de querer saber más de su vecino.

_Lo has debido de pasar muy mal con la muerte de tu mujer ¿verdad?

_Pues ya te puedes Imaginar, menos mal que a mi hermana  aunque le gusta un poco el vino, es la que más está con él, ella era mucho lo que quería a mi mujer. Eran como dos hermanas; desde entonces tiene días que apenas habla con nadie, aún que sabe siempre hasta donde puede llegar, puesto que a mi chico en ningún momento le a faltado atención,  siempre a estado ahí para ocuparse de el como si fuese su  madre. Gracias a ello yo he podido también ir superando ese bache que la vida nos ha puesto.

_Me hago cargo Juan, son palos que nos dan a veces, yo por suerte hasta ahora no he tenido que pasar por nada de eso pero debe ser terrible.

_Si que lo es, no te lo puedes ni imaginar, con lo que yo la quería, aún que la sigo queriendo, puesto que aún que yo no la vea, se que esta ahí cerca de nosotros dándonos apoyo.

_ ¿Tu crees? Pero una persona después de muerta, ¿qué apoyo te puede dar Juan?

_Yo ya se que tu eres un escéptico, y que no crees en esas cosas, pero yo si- dice el padre de Fabián lleno de convencimiento- Pero tu no te das cuenta Benito, que si no existiera el más allá, sería todo como un gran vacío.

_La verdad… yo por mucho que me hables de esas cosas, no acierto a comprenderlas, no me cabe en La cabeza eso de las almas, que andan por ahí entre nosotros, como  nunca he visto ninguna, no puedo creerlo. ¿Tu crees en un Dios? le pregunta Juan mirándole fijamente a los ojos.

_Hombre! Es que... lo de Dios es otra cosa, en él si que creo- responde Benito con toda seguridad.

_Pues entonces, ¿por qué no crees en las almas? todo deriva de creer o no, puesto que a Dios tampoco lo has visto nunca ¿no es así?-insiste el hortelano

_Si, es cierto, tienes tus razones, pero yo... no acabo de comprenderlo.

 

Mas de cuatro se sumaron a la tertulia que aquellos dos colegas habían despuntado en la taberna, pero la mayoría también terminaron dudando, y otros muy lejos de convencerse, opinaban todo lo contrario, de que aquello del más allá, era todo una patraña  en cierta manera de gentes que motivaban a otras para llevar el agua a su molino, como eran ciertas sectas o mediuns para querer sacar lucro al prójimo.

 

 

Aquel sábado por la noche, Fabián se habían enterado de la conversación sostenida, entre su padre y el señor Eusebio en la taberna, así pues decidió cenar temprano aprovechando la ausencia de éste, que había tenido que hacer unos recados, le pidió a su tía que le preparase la cena para poder acostarse pronto, ya que le había dicho a su padre que a la mañana siguiente, iría a pescar con unos amigos. De esta manera no haría preguntas hasta después del acontecimiento, ya  que la vieja cazuela estaba lista para el trote, además sí pasaba una noche por medio, posiblemente que ya no se acordase más de lo hablado en la tasca.

 

Todo estaba a punto en la vieja estación minera, todo se hallaba en su lugar correspondiente. La madrugada del domingo se topaba en sus álgidas horas de concierto nocturno que para una gran variedad de animalejos, significaba su jornada habitual. Excluyendo a la gran masa  estos individuos, el silencio era total y absoluto. Así ocurría  cuando Fabián solía ir a pescar, se levantaba  temprano, y también con el máximo sigilo como ahora para no despertar a los de casa. Coge todos los útiles de la pesca para justificarse a la vuelta, y sale por la puerta trasera del corral. La clara luz de la luna ilumina de pronto sus soñolientas pupilas, el claro del cielo está despejado, al tiempo que el astro rey de la noche acompañado de aquel ejercitó de estrellas perdidas en la lejanía del cosmos, parecían hacerle guiños con su efecto intermitente, mientras que los primeros cantos galleros irrumpen en la madrugada intentando anunciar él nuevo día.

El joven proyecto de maquinista, aún que siente una cierta opresión en el pecho como sí fuese hacer algo prohibido, y después tuviesen que castigarlo por ello, pero pronto desecha esa idea y enfila el camino que conduce a la estación, al tiempo que el corazón le salta de contento por sentirse tan cerca de aquella costosa y arriesgada aventura. La decisión había sido enteramente suya pues con nadie comentara tal hazaña, así pues, era hora de recoger el fruto sembrado, puesto que  todo estaba ya a pedir de boca para querer  echarse atrás. Por un momento le invade de nuevo aquella fuerza que le advierte que todo aquello sigue encerrando un cierto riesgo pero el lo asume, pero aquello sólo dura un corto lapsos de tiempo para dar paso a su irrevocable decisión.

 La alegría le embargaba  a medida que se iba acercando a la estación, al  Sentir  la emoción de poder hacer trotar con gallardía aquel viejo caballo de hierro Estaba allí mismo, ya la cogía con sus propias manos. Entre todos estos pensamientos, el hijo de Juan ya se encuentra en el interior de su codiciada locomotora. Saca su caja de cerillas y enciende una, como antes había rociado el interior del fogón con petróleo, la materia enseguida comienza a flamearse con ansia y hambre devoradota. La presión de vapor va subiendo paulatinamente sin detenerse ante nada, de manera que en un corto espacio de tiempo la agujas medidoras alcanzan ya su punto crucial.

¡La cosa funciona! -piensa  el  para sí mismo.

 

Fabián había recorrido el día anterior a bordo de su bici, todo el trayecto de los seis kilómetro de vía, para verificar así el estado de la misma, pero nada de importancia había hallado al paso, a no ser uno que otro tomillo flojo que el mismo fue ajustando a su lugar correspondiente.

 

Faltada una media hora aproximadamente para que las primeras luces del alba hiciesen su aparición bautizando así el nuevo día. Cuando el joven proyecto de ferroviario presiona la palanca de marcha el  negro y aparatoso trasto, comienza a hacer su rodadura sobre aquellos perfiles de hierro oxidados por su inactividad. La emoción es enorme para él, al fin su sueño se está `plasmando en realidad. Su ritmo cardiaco se acelera por momentos al ver como aquella vieja carreta mecánica da sus primeros soplos de vida material. Los carriles se hallaban casi tapados por los hierbajos, que las recias ruedas son las encargadas de ir segando todo lo que encuentran a su paso. El gigantesco faro central lo lleva apagado para así no levantar sospechas en el entorno,  marchando a una moderada velocidad rumbo a lo desconocido, ya que siempre podía caber lo inesperado. Fabián se siente el dueño del mundo al sacar su cabeza por los laterales de aquel artilugio y ver como la tierra se mete bajo sus pies perdiéndose en la lejanía. En ningún momento hace uso del silbato aun que no le faltan ganas, sí no fuese por el escándalo que aquello podía formar, con sumo gusto lo haría, pero era necesario pasar lo más inadvertido posible. A pesar de haber señalizado el tramo a recorrer con un trapo rojo para prevenir riesgos innecesarios, y no entrar en la red nacional. Tan ilusionado se siente, que se olvida de este detalle el cual escapa a su control, y es que  apenas faltan unos cientos de metros para meterse en el terreno prohibido. Cuando se da cuenta, acciona la palanca rápidamente para frenar y invertir el sentido de la marcha, pero el mecanismo no parecen responder lo bien que él quisiera, no pudiendo impedir que aquella inmensa mole siga su curso, hacia un peligro inminente. Aunque a menor velocidad sigue perdiendo inercia, pero no por ello puede el muchacho evitar meterse aún que no de lleno, si  en terreno peligroso. Fabián no cesa hasta que consigue detenerla. El tiempo allí sí pasa muy deprisa, los segundos son cruciales para poder salir del atolladero intenta invertir el sentido de la marcha pero algo debe  fallar que no consigue emplazar la palanca en su lugar necesario.

Lo que desconoce el hijo del hortelano, es que a unos cuatro kilómetros, un tren expreso se desplaza a toda velocidad hacia el lugar en donde él sé encuentra encallado con su juguete. Aún ignorando lo que le acecha, se da perfecta cuenta de que tiene que salir inmediatamente de aquel lugar, puesto que tarde o temprano la vía será transitada por cualquier tren. Sigue Intentándolo pero por desgracia aquello parece no obedecer sus órdenes.

Cada minuto que transcurre, el peligro se acrecienta, aquel tren de viajeros desconociendo también el obstáculo que se interpone en su camino, sigue su curso hacia un catastrófico destino.

Desde que se había muerto su madre Jamás se había sentido tan nervioso por no saber reaccionar. Aquel día también se sentía así indeciso ante tanta impotencia por no poder evitar aquella catástrofe de la falta de su madre. El  nerviosismo es mayor cuando por casualidad, mira en dirección a la cabeza de máquina y deslumbre en la lejanía acercarse paulatinamente haciéndose cada vez mas visible, aquel foco central al que le siguen unos silbatos, que rompen el sosegado silencio del recién estrenado día. Era un tren sin duda alguna, Fabián se siente morir al verse tan inútil ante aquella situación, ahora si que se arrepiente de su hazaña, ojala no estuviese metido en aquel laberinto de imprudencia.

El silbato del expreso no cesa de sonar a medida que se aproxima, pero de pronto, cuando la catástrofe le acecha ya de cerca, escasamente a unos trescientos metros dándolo ya por perdido, Fabián siente  como si una mano  invisible pero delicada a al vez, cogiese la suya,  con gran seguridad y energía  ayudándole a invertir el sentido de la marcha, haciendo que la desgastada locomotora iniciase de nuevo su carrera hacia el lugar de donde jamás debería haber salido. Pero esta vez aquel tras viejo responde con gran habilidad como si este  también tuviese miedo de entregar su vida material, e de no  ocasionar una desgracia a terceras personas. Pero es el tiempo justo para que el con su juguete pueda  guarecerse en su madriguera introduciéndose en sus dominios de los que jamás debería haber salido.

Entre los dos móviles férreos, uno a gran velocidad, y otro a bastante menos, el tiempo y aquella extraña sensación de ayuda, empujando su mano, habían jugado un papel decisivo, puesto que  si no fuera por aquellos dos metros de separación entre ambos, aquel aparatoso incidente hubiese sido sonado y catastrófico con sus consiguientes muertos y heridos. Unos momentos a destiempo, y el ahora seria icono de una grave noticia, un famoso aventurero muerto, portada de tantos rotativos en torno al mundo, por no enumerar las desgracias de tantas familias que ignorantes hubieran encontrado allí el final de un fatídico destino, siendo solamente él el único culpable.

 

Es en aquellos momentos ya de relax, cuando la locomotora marcha de nuevo hacia su original destino, de donde no tema que haber salido en ningún momento, es cuando poco a poco va cogiendo nitidez y la ve, Fabián se queda petrificado.

 

_ ¡Mamá! Exclama el muchacho invadido por la emoción,

_ ¡Hijo mío! ...¿como te metes en estas aventuras? no debes de volver hacer esto jamás, podrías haber ocasionado un grave accidente, muriendo  tú y mucha otra gente.

 

_ Lo se mama, pero…¿As sido tu quién me ha ayudado verdad?- pregunta tembloroso Fabián preso del pánico ¡Pero mamá! ¿Cómo puedo verte si estás muerta? ¿Acaso yo también lo estoy y por eso puedo verte?

_¡No hijo mió!, tu no estas muerto, pero bien podrías estarlo si no conseguimos salir de allí. A lo que me preguntas, lo que tienes ante ti no es mi cuerpo, tan solo es mi alma, pero tu me necesitabas y yo estaba aquí para ayudarte. `Puedo decirte, que después de esta vida material, existe otro tiempo de más paz que el que se vive en esta tierra.

_Mamá., Te echo tanto de menos... ¿por qué no-té quedas con nosotros, o me llevas contigo?

_No puedo cielo, yo ya pertenezco a otro tiempo- le responde ella.

 

_Yo quiero irme contigo- añade Fabián con decisión.

_No puedes cariño, aun no es el momento, tu tienes que cuidar de tu padre, él  te necesita, ahora me voy, no puedo estar más tiempo contigo, ¡adiós mi vida! Asta siempre. No obstante, recuerda que yo estaré siempre contigo aun cuando tú no me veas

_ ¡Mamá! ¡Mamá!-Grita Fabián como tratando detener aquel tiempo que le permitía estar cerca de aquel ser que tanto quería, pero ella ya no le responde, pues aquella especie de nebulosa de donde su madre había salido desaparece de su entorno encontrándose otra vez solo en la vieja y desolada estación minera, sin saber como, había llegado hasta allí, pues él se había despreocupado ya de la conducción de la locomotora. Ahora, esta se hallaba detenida y fría sin actividad de energía alguna en su vientre. Como si no hubiera salido tan siquiera del entorno.

En aquellos momentos, hasta le hace dudar si en verdad se a materializado todo aquello, o había sido meramente un mal  sueño ocurrido en su cabeza, Pero tampoco había sido malo, cuando le había permitido poder conversar con su madre. Pero algo le da pie para poder creer en todo aquello, pues a la vez es como algo místico, pues la presencia de aquel guante de seda tan suave y de un agradable olor, hace sopesar la idea de que de una manera u otra, allí a estado su querida madre ayudándole a salir de tal entuerto    

 

 

 

Fin

 


Tags: locomotora, hortelano, pèscar, gasolinero

Publicado por elanferca @ 15:55 | Cuentos | 0 Comentarios | Enviar

Comentarios